...y supe que Dios los habia colocado como angeles guerreros...quienes creian en Dios y lo amaban
suficientemente para donar sus vidas a su servicio. --
El Despertar del Corazon por Betty J. Eadie, p. 88
 Septiembre, 2004 W.A.V.E.S. Newsletter                   Edición de Otoño 
OrígenContenidoReconocimientosArchivosCorreo
Sobre los WAVESHe Visto la LuzOraciones
Nuestra Fuerza es Amor
por Jennifer Fritch
Al despertar una mañana en un lindo día de julio me sentí impulsada a alcanzar mi brazo al otro lado de la cama. El lado de mi esposo estaba vacío y esperaba su regreso. Oí a mi hijo mayor tratando de convencer a mis hijos menores que se mantuvieran callados hasta que yo viniera a prepararles algo bueno para el desayuno. Dudé y me sentí sin entusiasmo para llevar a cabo las tareas tan necesitadas que me esperaban. Me sentía agotada y llena de profundas penas. Sentí que anhelaba regresar a mi Padre y deseaba quedarme en sus brazos de amor hasta poder reunir fuerzas para seguir adelante por mi propia voluntad.

De repente una sensación profunda corrió por todo mi cuerpo físico instantáneamente, pero a la vez sentí cada parte de mi cuerpo. La sensación fue tan fuerte e intensa, pero purificante. Después sentí que mi espíritu fue abrazado y consolado y permaneciendo en sus brazos, me eché a llorar. Lloré por las tareas que me esperaban, lloré por mis hijos que necesitaban de mis fuerzas, y lloré por todos los temores que guardo adentro y fuera de la vista del mundo. Pero más que todo lloré por el amor y el consuelo que mi esposo brinda a mi alma. Lloré y le pedí a mi Padre Celestial que protegiera a mi querido esposo mientras sirviera su misión en Irak. Mi Padre me tomó en sus brazos, y las lágrimas cayeron. Podía oír lo que pasaba alrededor de mí, pero los sonidos eran suaves, casi como canciones de cuna. Supe, mientras que me encontraba en los brazos del Padre, que mis hijos tenían muchos hombres espirituales alrededor de ellos y que estos espíritus llegaron mientras el Padre acudía a mi ayuda. Mi cuerpo físico se sentía pesado. Sentí como si pesara una tonelada, fue una sensación incómoda y agotadora. Mientras que quedé en su abrazo, el Padre me dijo en voz baja que yo afrontaría tareas dificultosas en el futuro. La memoria mas viva de esto se queda concentrada en la separación de mi cuerpo físico y de mi espíritu. Fue una experiencia extraordinaria, y la llevo muy cerca de mi corazón.

Siento la necesidad de acentuar el mensaje de Betty acerca de nuestro Jefe- Comandante hace como un año atrás. En el tablón principal de anuncios de su sitio web Betty dejó un mensaje apoyando a George W. Bush. Supe a la hora de la elección – y sé ahora -- que nuestro Presidente está aquí en estos tiempos extraordinarios para fijar en esta Tierra Bendita una nueva pero muy vieja integridad, y esa es la fuerza que proseguir la libertad. El ha sido colocado aquí en esta época particular en la historia – una época en el cual no existe el gris, donde estamos evidentemente del lado de nuestro Padre o en contra de la rectitud.

No podemos nadar entre dos aguas. Esta guerra es más que una guerra entre América y el terrorismo. Estamos aquí para levantarnos humildemente a defender la verdad y para oír a las madres, hijas, hijos, padres y abuelos que se encuentran en los países donde no pueden salir por miedo de que los asesinen. Como americanos, decimos que no está bien que este país no tenga alimento y tampoco no está bien que hay niños que se hallan sin padres que los amen. Como americanos esta es exactamente nuestra responsabilidad: de alcanzar nuestros brazos hacia el otro lado del mar y ayudar a que nuestros hermanos de otros países estén bien.

Mi esposo sirve como soldado americano en Irak. Sale en unas misiones muy agotadoras y problemáticas. Muchas veces ha comentado de lo que ve y está bastante angustiado. Se extiende hacia mí para que mi amor lo llene de consuelo. Me contó una vez de una familia que vivía en una choza vieja y descuidada, pero notó que los pequeños niños irakís que salían de ahí, ni fruncían sus ceños, ni estaban molestos, al contrario traían unas sonrisas bien grandes y brindaban una ovación a los americanos mientras pasaban. Los padres y madres saludaban con la mano y agradecían a los soldados por estar ahí y por sus “implacables y meticulosos esfuerzos” para sus familias. Mi esposo admitió que se le salieron las lágrimas y sintió que “era en ese momento que todos nosotros volvimos uno y no había separación ninguna ni entre los americanos ni entre CUALQUIER otro en esta tierra.”

Como americanos muchas veces sentimos orgullosos de los esfuerzos y servicios que brindamos. Sintoniza cualquier canal de noticias y en cualquier noticia de alguien que ande necesitado, frecuentemente habrá un hombre, mujer o niño que le proporcione ayuda. Estamos tan bendecidos en vivir aquí en América, donde nuestra voz es percibida y donde el mensaje de amor de nuestro Padre está ofrendado.

Esta no es una guerra para los americanos. Este es un tiempo para la Verdad y un tiempo para brindar servicio a otros. Nuestro mensaje es Amor. Nuestro líder está aquí por la voluntad de nuestro Padre. Somos verdaderamente un solo pueblo aquí. Una sonrisa ilumina mi rostro, mientras pienso en la percepción amorosa con que Nuestro Padre avispa estos tiempos. Nosotros como hijos, lo percibimos de un modo muy limitado. El Padre puede ver todos sus hijos desde todas las tierras, naciones y estados. Nuestros hermanos que se encuentran en el Medio Oriente muy fácilmente podrían encontrarse en otra ciudad o estado de E.E.U.U. Muchas veces decimos, “Somos americanos, tenemos los recursos para poder ayudar a otros países. “Ahora estamos ayudando al Medio Oriente en maneras intensas y rigurosas tomadas por medios forzados.

A veces el servicio no se trata de la “apariencia”. Si, es una realidad brusca. Estamos de veras preparándonos para que todos los hijos del Padre se reúnan y sean uno. La batalla ciertamente no será una batalla llena de luz o sin dolor por el promotor con quien tenemos que enfrentarnos, al igual que con los que trabajan para el. Nuestra fuerza es Amor. Debemos de rezar cada día por todos los hermosos hijos de estos miembros de servicio para que sus padres sean protegidos.

Extraño a mi soldado cada día en que no está a mi lado. Está tan lejos de mi lado y tan cerca del peligro, pero ciertamente estará siempre dentro de mi corazón y dentro de los corazones de sus queridos hijos.


Copyright © 1992-2004 by Betty J. Eadie
All contents copyright © 1992-2004 by Onjinjinkta Enterprises
All rights reserved
Warring Angel Volunteers on Earth, (WAVES) is acknowledged as a trademark of Betty J. Eadie